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Violencia en México: sacerdote asesinado y el impacto de la inseguridad contra la Iglesia

Violencia en México: sacerdote asesinado y el impacto de la inseguridad contra la Iglesia

El pasado 6 de octubre de 2025, el sacerdote Bertoldo Pantaleón Estrada, párroco de la Parroquia de San Cristóbal en la comunidad de Mezcala, Guerrero, fue localizado sin vida tras desaparecer días antes, en un hecho que ha encendido nuevamente las alarmas sobre la violencia que enfrenta la Iglesia en México. Su cuerpo, hallado con múltiples heridas de bala en la carretera federal México-Acapulco, reveló un panorama de hostilidad y riesgo para los representantes religiosos en zonas afectadas por la inseguridad, crimen organizado y la impunidad. 

El homicidio ha reavivado el debate sobre los efectos de la violencia contra la Iglesia Católica, cuestionando tanto la protección de líderes religiosos como el papel que estas figuras desempeñan en comunidades que se encuentran desprotegidas por las autoridades. 

La violencia contra sacerdotes en México no es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia crónica que ha afectado a decenas de representantes de la Iglesia Católica durante las últimas décadas. De acuerdo con registros del Centro Católico Multimedial, entre 1990 y 2024 se han documentado más de 70 homicidios de sacerdotes, además de desapariciones y otras agresiones violentas. 

El sacerdote y periodista Omar Sotelo Aguilar, director del Centro Católico Multimedial, explicó en entrevista que estos homicidios son expresiones extremas de un ambiente de violencia que no solo atenta contra las personas, sino contra toda una institución social. Las parroquias y sus líderes no solo brindan servicios espirituales, sino que también funcionan como estabilizadores comunitarios, ofreciendo apoyo social en salud, educación y derechos humanos, tareas que a menudo reemplazan la ausencia del Estado en zonas marginadas. 

Sotelo advirtió que los grupos delictivos perciben a los sacerdotes como una forma de “competencia” porque su papel comunitario puede obstaculizar el reclutamiento de jóvenes para actividades ilícitas y socavar el control criminal sobre una región. 

Entre los casos más impactantes en años recientes destaca el doble homicidio de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín Mora Salazar en Cerocahui, Chihuahua, en junio de 2022, asesinatos que conmocionaron al país por haberse cometido dentro de una iglesia mientras auxiliaban a una persona perseguida por criminales. 

La muerte de sacerdotes en México genera consecuencias que van más allá de la tragedia de una vida perdida. Las comunidades a las que servían se quedan sin líderes espirituales y sociales que muchas veces funcionan como puentes de cohesión y apoyo frente a la violencia y la desprotección. 

Cuando un sacerdote es asesinado, advierte Sotelo, se deja en la orfandad a toda una comunidad, lo que contribuye a la desestabilización social y al incremento del temor entre los habitantes, quienes pueden ver debilitada su confianza en las instituciones, tanto civiles como eclesiásticas. 

De acuerdo con informes especializados, regiones como Guerrero, Ciudad de México, Michoacán y Chihuahua han sido algunas de las más afectadas por homicidios de sacerdotes, lo que refleja la amplia dispersión territorial de este fenómeno.  

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